El sexo se ha vuelto monótono.

Publicado el 2 de marzo de 2026, 12:46

Siempre lo mismo. 

Ya no innovas. 

Tan aburrido que prefieres ver una película. 

Se te hace bola. 

Te da pereza solo pensar que igual esta noche “toca”. 

Y lo comentas con tus amistades íntimas, con tu terapeuta, o con ambos. Sabemos que lo ideal sería hacerlo además, con la persona con la que padeces esa monotonía, pero sabemos que es un tema que suele costar sacar y encajar. 

A veces recibes consejos para aderezarlo, otras veces se te ocurren con tu pareja, o se le ocurren a él o a ella. Algunos los pruebas, otras se descartan por inabordables; esas ideas al menos que os provoquen muchas risas, porque la risa relaja y estando relajado se abren puertas a más ideas. 

El caso es que cuando el sexo en tu vida se vuelve monótono, haces cosas por cambiarlo. O al revés, alguien te dice “el sexo contigo se ha vuelto monótono” y, después del golpe inicial, os ponéis manos a la obra para revertir lo que buenamente se pueda y recuperar ese manido concepto de “la chispa”. 

He tenido la oportunidad de hablar con gente que había dejado a su pareja de toda la vida, con quien tenía un proyecto a largo plazo (vivienda o segunda residencia, prole ya hecha o proyectada...) porque el sexo se había vuelto monótono. El resto de la relación era todo maravilloso, quejas ningunas, pero no se había mejorado en ese aspecto nada. Eso al menos era lo que me contaban y claro, me lo tengo que creer. 

Ahora me voy a tu trabajo. 

A tu día a día. 

¿Los procesos que ejecutas? siempre los mismos, desde que te incorporaste o desde que se implantaron. 

Nadie los revisa porque ¿para qué tocar nada que ya funciona? 

Si toda la vida se ha hecho así ¿para qué cambiar? 

¿Otra cosa nueva? Pero si esto ya me lo sé. 

Seguro que si tu pareja, cuando le vas con la cantinela de que el sexo ya no es lo que era, te contesta de este palo, te quedas con un poquito de frustración, puede que hasta enfado, me aventuro a decir que hasta algo de pena. Porque tú ves cosas claramente mejorables, pero la otra persona está tan a gusto así.  

Pues pasa que los procesos monótonos que no se revisan nunca, acaban siendo la agonía de muchas empresas. Si la agonía se alarga, a veces llegan cosas aún peores: fuga de talento, mermas económicas, poca competitividad... 

No es plan de meterse en una espiral de entropía que haga imposible tener un momento de respiro y de reflexión sobre qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo.  

Pero si no tienes el hábito de pensar en lo que haces y cómo lo haces, corres el riesgo de que alguien venga un día y te diga aquello de “tenemos que hablar”. 

¿Qué? 

¿Cómo? 

¿Por qué? 

¿Para qué? 

¿Cuándo? 

¿Cuánto? 

Empieza por ahí, que seguro que algo se te ocurre que puedes cambiar. 

Y no estoy hablando solo del trabajo.